¿QUIERO SABER SOBRE LA LEYENDA LA MAR DE ABAJO DEL ESTADO FALCON?

ES UNA LEYENDA DE LA SIERRA FALCONIANA EN VENEZUELA, SUPUESTAMENTE ES UN CUENTO TERRORIFICO… PERO NO ENCUENTRO INFORMACION DETALLADA, AGRADEZCO SUS CONOCIMIENTOS.
ESTADO FALCON EN VENEZUELA

2 pensamientos sobre “¿QUIERO SABER SOBRE LA LEYENDA LA MAR DE ABAJO DEL ESTADO FALCON?”

  1. Se hallaba el Queen Elizabeth a más de tres millas de altura, por encima del Gran Cañón, vagando a la cómoda velocidad de ciento ochenta, cuando Howard Falcon localizó la plataforma de la cámara que se aproximaba por la derecha. Había estado esperándolo —ninguna otra cosa podía volar a esta altura—, pero no le hacía demasiada gracia tener compañía. Aunque recibía con agrado cualquier muestra de interés público, también quería tener el cielo lo más despejado posible. Al fin y al cabo era el primer hombre en la historia que navegaba en un navío de tres décimas de milla de eslora…

    Hasta ahora, este primer vuelo de prueba se estaba realizando a la perfección; irónicamente, el único problema había sido la vetusta nave Chairman Mao, solicitada al Museo Naval de San Diego para que sirviera de base a las operaciones. Sólo uno de los cuatro reactores nucleares del Mao funcionaba todavía, y la velocidad tope del viejo portaaviones apenas alcanzaba los treinta nudos. Afortunadamente, la velocidad del viento al nivel del mar había sido menos de la mitad, por lo que no resultó demasiado difícil mantenerse sobre la cubierta de despegue. Aunque habían pasado unos momentos de ansiedad al comenzar las ráfagas de viento en el instante de soltar amarras, el enorme dirigible se había elevado suave y verticalmente hacia el cielo, como impulsado por un ascensor invisible. Si todo marchaba bien, el Queen Elizabeth IV no regresaría al Chairman Mao hasta dentro de una semana.

    Todo estaba bajo control; todos los instrumentos de comprobación daban lecturas normales. El comandante Falcon decidió subir a presenciar el encuentro. Entregó el mando a su segundo oficial y salió al corredor transparente que conducía al corazón de la nave. Allí, como siempre, se sintió anonadado ante el espectáculo del espacio más extenso jamás abarcado por el hombre.

    Los diez alvéolos esféricos de gas, de más de cien pies de anchura cada uno, se alineaban como una hilera de gigantescas burbujas de jabón. El resistente plástico era tan claro que podían verse a su través, de extremo a extremo, los detalles del mecanismo elevador desde su cabina delantera de observación, a más de un tercio de milla de distancia. Por todo su alrededor, como un laberinto tridimensional, se desplegaba el armazón de la nave: las grandes vigas longitudinales que iban de proa a popa y los quince anillos que formaban las costillas circulares de este coloso del cielo, cuyas diversas proporciones delimitaban su silueta graciosa y aerodinámica.

    A tan escasa velocidad había poco ruido: sólo el blando azote del viento sobre la envoltura y algún que otro crujido del metal al cambiar el sistema de fuerzas. La luz sin sombras de las filas de lámparas, en lo alto, conferían a toda la escena una calidad curiosamente submarina, y para Falcon todo esto estaba realzado con el espectáculo de las traslúcidas bolsas de gas. Una vez se había encontrado con un inmenso, pero inofensivo escuadrón de medusas que avanzaba palpitante y ciego por encima de un arrecife tropical, poco profundo; las burbujas de plástico del Queen Elizabeth le recordaban las medusas aquellas… especialmente cuando las presiones cambiantes las arrugaban, haciéndolas emitir destellos nuevos de luz reflejada.

    Caminó por el eje de la nave hasta que llegó al ascensor delantero, entre los alvéolos de gas uno y dos. Al llegar a la cubierta de observación notó que hacía un calor excesivo, y dictó una breve nota a su grabadora de bolsillo. El Queen obtenía casi un cuarto de su flotabilidad de las ilimitadas cantidades de calor que producía su planta de energía de fusión. En este vuelo de escasa carga sólo seis de los diez alvéolos de gas contenían helio; los cuatro restantes estaban llenos de aire. Pero transportaba además doscientas toneladas de agua de lastre. No obstante, tener en los alvéolos temperaturas elevadas provocaba problemas en la refrigeración de los accesos; era evidente que aquella zona necesitaba perfeccionamiento.

    Una ráfaga refrescante de aire más frío le dio en la cara al salir a la cubierta de observación, ante la deslumbradora luz del sol que penetraba por el tejado de plexiglás. Media docena de operarios, con idéntico número de ayudantes superchimpancés, estaban ocupados en colocar la pista de baile, parcialmente terminada, mientras otros instalaban los cables eléctricos y fijaban los decorados. Era una escena de caos controlado, y a Falcon le pareció increíble que fuera a estar todo preparado para el viaje inaugural, dentro de cuatro semanas tan sólo. Bien, a Dios gracias, ese problema no era suyo. Él era únicamente el capitán, no el director del crucero.

    Los operarios humanos le saludaron con la mano, y los «chimps» le mostraron los dientes con sus anchas sonrisas, mientras atravesaba toda esta confusión, camino de la Sala Celeste, ya acabada. De toda la nave, este era su lugar preferido, y sabía que en cuanto entrara en servicio no lo tendría ya más a su exclusiva disposición. Disfrutaría en

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>